7 maneras de enseñar a tus hijos a tomar decisiones
En nuestra vida cotidiana nos
encontramos permanentemente en la necesidad de tomar decisiones. Las decisiones
que tomamos pueden ser muy sencillas -como decidir levantarnos de la cama
inmediatamente al despertarnos o quedarnos unos minutos más-, y otras
trascendentales, -como cambiar de empleo, o mudarnos de país-.
Cada vez que tomamos una decisión, se activan en nuestro interior
múltiples asociaciones entre pensamientos, emociones y recuerdos, y aunque esto
ocurre muchas veces sin darnos cuenta, nos orientan hacia un resultado. Estas
asociaciones se han aprendido a lo largo de nuestra experiencia de vida, y la
mayoría de ellas tienen base en la infancia.
Aprender a tomar decisiones es
también un elemento fundamental a la hora de resolver problemas. Cuando sabemos
tomar decisiones, la resolución de problemas se puede realizar en forma más
distendida.
Comparto con ustedes 7 nociones básicas para enseñar a los niños a tomar
decisiones, y alentarlos a que lo hagan
Decisiones responsables
- Tal como planteaba en el artículo 10 Propuestas
para aumentar la autonomía en la infancia, es importante que los
niños vayan teniendo sus propias experiencias de elegir, para que se
"entrenen" en el proceso, y se familiaricen con las tomas
de decisiones acordes a su edad. Si los adultos decidimos permanentemente
por ellos, entonces los estamos privando de hacer la experiencia.
Así es que,
considerando la madurez del niño, y cuál es el nivel de decisiones que
permitiríamos, podemos ofrecerle información al respecto y: que anticipe una
posible consecuencia de una elección, o alentarlo a que pruebe eligiendo, y
experimente por sí mismo el resultado de su elección. La tercera opción sería
observarlo y simplemente permitirle la experiencia. Un ejemplo: un niño está
jugando con un huevo en la cocina, el adulto a cargo podría: explicarle que la
cáscara es dura, pero si se golpea puede romperse y derramar su interior
líquido; con la misma información ofrecerle un recipiente para que rompa la
cáscara; o simplemente dejarlo jugar a riesgo de que rompa el huevo y
experimente la situación.
- Decisiones
autónomas
Resulta fundamental permitir a los pequeños la independencia a la hora
de elegir, y ser consciente de que no debemos los adultos, reprochar ni
rechazar aquellas elecciones que no se acerquen a las que serían nuestras
preferidas, o las que quisiéramos que el niño tomara. Tomar una decisión
autónoma, implica que la misma no se altere por la opinión de los demás, y para
ello, resulta imprescindible que no exista censura de personas significativas
cuando aprendo a decidir. Pues si el niño teme perder la aprobación o el afecto
de quienes son importantes, tenderá a elegir para complacer a los demás.
Un ejemplo: el niño
elige colocarse calcetines rojos, y la madre considera que los blancos son los
que quedarían mejor combinados; podría entonces el adulto mantenerse neutral al
respecto, o mostrar su desaprobación con palabras o algún gesto de desagrado
por la elección del niño.
- Enseñar el
desapego
Resulta de gran importancia ofrecer esta información a los pequeños,
pues muchas veces la parálisis para tomar decisiones proviene de querer tener
"todo", lo cual no es posible. Cuando elijo, estoy tomando una opción
y descartando otras. Este proceso se torna realmente ágil cuando puedo
descartar lo que no elegí sin quedar pendiente de ello.
Un ejemplo sencillo:
Si voy a elegir dos sabores de helado, todos los demás sabores serán anulados
para mi porción.
- Tomar riesgos
Derivado del punto anterior, aparece el atreverse a tomar riesgos
acordes a las decisiones que tomen los niños en un determinado momento. Si los
adultos logramos quedarnos en nuestro lugar neutral, acompañando sin
interferir, el niño o la niña aprenderán a atravesar el incómodo momento de la
elección, y sólo atravesándolo podría ir acostumbrándose y volverse menos
sensible, para entonces fluir mejor a la hora de elegir.
Un ejemplo: vamos a
un nuevo restaurante a almorzar, puede elegirse un plato clásico y habitual
para el niño, o animarlo con el menú para que pruebe algo que nunca antes ha
degustado.
- Evaluar
alternativas dentro de las posibilidades
Una buena manera de apoyar los procesos de toma de decisiones es
responder preguntas que aporten información, u ofrecer alternativas, dejando
siempre en claro que es un punto de vista personal, y que está dentro de las
opciones posibles.
Un ejemplo: "Como
el clima se ha puesto frío, debes llevar un abrigo. Yo creo que cualquiera de
estos dos abrigos te quedaría bien, a mí en lo personal me gusta el color verde."
- Imaginar el
peor escenario posible
A veces se teme tomar una decisión porque sus consecuencias resultan
inciertas. Antes de imaginar cualquier cosa, ante la duda es preferible
pensar:" ¿qué sería lo peor que podría pasar si elijo esto? "
Hacerse internamente la idea de si se podría o no tolerar ese resultado,
disminuye notablemente la tensión para elegir.
Un ejemplo tomado
de la introducción a este artículo: "Hace frío, quiero quedarme un poco
más en la cama, aunque ya debería levantarme. Lo peor que podría pasar es que
registren una tardanza en el colegio, y entrar a la clase cuando ya ha
comenzado. No toleraría esa situación vergonzosa. ¡Me levanto ya!"
- El error es
consecuencia de haber intentado, el éxito también.
El reconocimiento por tomar una decisión, debe expresarse,
independientemente del resultado, pues es frecuente que el resultado sea incierto.
De lo que se trata es de no detener la acción por temores irracionales, y para
ello, atravesar el temor al error considerándolo un aprendizaje, es
un pensamiento siempre favorable.
Un ejemplo: "Elijo
llevar dinero para comprar mi almuerzo al colegio. En el horario del almuerzo
hay tanta gente para comprar que cuando me siento a comer ya es hora de ir a
clase. Decido para mañana agregar algo para comer entre mis elementos
personales, y encargar mi almuerzo en forma anticipada para almorzar tranquilo".
MUJERES GANADORAS

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