domingo, 22 de febrero de 2015

Pautas nutricionales y Alzheimer

Pautas condicionales y Alzheimer



La Enfermedad de Alzheimer cada día se hace más presente en nuestra población y genera una importante incapacidad y morbilidad en los adultos mayores. Esta enfermedad afecta a 5.4 millones de personas en Estados unidos y aproximadamente a 1 millón de personas en España.
El Alzheimer inicialmente compromete las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Quienes padecen esta enfermedad pueden tener dificultades para recordar cosas que ocurrieron recientemente o los nombres de personas que conocen. Con el tiempo los síntomas empeoran. Las personas pueden no reconocer a sus familiares o tener dificultades para hablar, leer o escribir. Pueden hasta olvidar cómo amarrarse los cordones de los zapatos o cepillarse los dientes.
El Alzheimer tiene un inicio insidioso, una progresión gradual e irreversible y está determinada genéricamente.
Lo que más llama la atención es el  deterioro marcado de la memoria y del aprendizaje en las personas afectadas. Se observa una disminución progresiva, gradual y constante de la capacidad cognitiva sin mesetas prolongadas. Las deficiencias cognitivas interfieren poco a poco con la autonomía y decisiones de los individuos (es decir, se llega a necesitar asistencia con actividades cotidianas como pagar facturas, transportarse o cumplir con tratamientos médicos). Los primeros síntomas del Alzheimer suelen aparecer luego de los 50-60 años, no obstante, en personas con gran predisposición genética se presentarían alrededor de los 40. Algunas señales de alarma son los olvidos frecuentes, repetición de preguntas (aunque dichas preguntas hayan sido contestadas apropiadamente), repetición del discurso una y otra vez, cambios en el auto cuidado e higiene personal, confabulación (llenar los espacios de olvido con cosas inventadas), dificultad para resolver problemas cotidianos, desorientación en tiempo, espacio y lugar, dificultades para expresarse, cambios en el humor y en la personalidad, entre otras cosas.
Durante las últimas décadas se han hecho interesantes estudios que proporcionan conocimientos para apoyar la sugerencia de que los alimentos pueden tener una profunda influencia en nuestra salud mental y funciones cognitivas.
Muchos investigadores están trabajando en el tema de la prevención de las enfermedades degenerativas cerebrales teniendo en cuenta nuestra manera de alimentarnos y nuestros hábitos;  y nos dan algunas recomendaciones útiles a la hora de preservar nuestras capacidades cognitivas el mayor tiempo posible y vivir de manera autónoma, plena y satisfactoria hasta el final de nuestra vida.
En la actualidad se sabe que una dieta alta en grasas saturadas y azúcares refinados (comida basura) tiene un impacto negativo muy potente en las proteínas cerebrales que sabemos que son de suma importancia en el estado de ánimo – neurotrofinas, que protegen el cerebro contra el estrés oxidativo y promueven el crecimiento de nuevas células cerebrales. Esto es importante cuando pensamos en el funcionamiento cerebral de nuestra familia y en la influencia a largo plazo de la comida basura sobre nuestro cerebro,  nuestro cuerpo y el cerebro de nuestros hijos.  
Una investigación reciente señala que un consumo elevado de ácidos grasos saturados (manteca de cerdo, leche entera, etc.) se asocia a un mal desempeño en las memorias cognitiva y verbal, mientras que la in gesta de ácidos grasos mono in saturados (ácido oleico contenido en el aceite de oliva) se relacionan con un desempeño cognitivo adecuado.
En algunos estudios sobre Alzheimer y alimentación se sugiere que una dieta alta en grasas se vincula con la interrupción del proceso de limpieza a nivel cerebral del amiloide (proteína tóxica relacionada con la enfermedad), y que los granos refinados y  los azúcares simples, pueden, a su vez, favorecer un mayor deterioro cognitivo.
Vemos como la asociación de hábitos poco saludables (sedentarismo, la de-privación de sueño, el consumo de sustancias psi coactivas como el alcohol, la metanfetamina y la cocaína, entre otras sustancias) y algunos elementos nocivos de nuestra dieta diaria  facilitan el deterioro cognitivo. Afortunadamente, existen nutrientes que al ser  incluidos dentro de la alimentación cotidiana nos permiten prevenir o retrasar la aparición de las manifestaciones clínicas de la demencia de Alzheimer.
El mantener una actividad física regular y una alimentación equilibrada con buenos aportes de antioxidantes, ácido fólico, ácidos omega 3, ácido láurico (triglicérido de cadena media presente en el aceite del fruto del coco) entre otras cosas, pueden ser importantes para la salud de nuestro cerebro.
Un cerebro que trabaja en condiciones óptimas y utiliza los mejores aportes nutricionales en forma global, resiste mucho mejor la enfermedad de Alzheimer que empieza cuando las lesiones neuronales todavía son mínimas y localizadas.
El Comité de Médicos para una medicina responsable (PCRM) nos presenta algunas directrices para afrontar la enfermedad de Alzheimer y el deterioro cognitivo asociado con la edad. Espero que estas recomendaciones aporten alguna luz en el complejo tema del deterioro cognitivo.
MUJERES GANADORAS

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